Llevo años observando cómo las Mujeres nos excusamos al expresar determinadas Emociones. En mi propio trabajo con las Mujeres, a menudo observo , que cuando nos disponemos a expresar cómo nos sentimos, suele aparecer una nota de disconformidad en nuestra palabra.

Es algo así como:

“Me siento triste, frustrada, confusa,… pero no sé cómo salir de esto y me siento mal por seguir “atrapada” en esta emoción tan inútil”.

Y yo pregunto “¿Y por qué quieres salir de ello?”,
“¿Qué prisas tienes?”.

Es como si fuera inapropiado o “incorrecto” sentir miedo, dudas, frustración, desespero, enfado, rabia, tristeza…

En los Retiros de la Escuela de Mujeres, y en todas las propuestas que de aquí nacen, practicamos la Entrega al Gozo de estar VIVAS, que no quiere decir que estés todo el día Feliz.

Parece que en el Contexto de lo Social, y también en el de lo Espiritual, debamos sentir sólo alegría, felicidad, ganas de salir, gratitud,…

Y así, cuando una Mujer se encuentra en un momento de descenso hacia sus propias profundidades (y a las cuales lleva mucho tiempo sin visitar) la sociedad la cataloga con una enfermedad.

¡No sea que le dé por sentir su Rabia y descubra lo Revitalizante que es y con ello despierte el Feroz Instinto Salvaje que aguarda en su interior!.

Te aseguro que en cada Emoción que destierras está tu Medicina.

deseo de soledad

Y esta no es de la que te recetan los médicos convencionales.

Esta es la Medicina de la Mujer Serpiente.
La de la Hacedora de Sueños.
La de la Vieja.

Es la Medicina que reparará los desperfectos que a sufrido tu Alma Salvaje a lo largo del tiempo.

Pero nosotras nos empecinamos en querer salir de esa emoción. Y así…

Nos frustramos con nosotras mismas por estar frustradas.

Nos enfadamos con nosotras mismas por estar enfadadas y así un largo etcétera.

(…)

¿Y por qué no sentir la Fuerza de esta emoción por todo tu Cuerpo?

No desperdicies esta Valiosa Oportunidad y hazte una con tu sentir, sea lo que sea que estés sintiendo.

En los Retiros de la Escuela de Mujeres nos entrenamos en cómo abrir el Cuerpo y el Alma a cada emoción que sentimos.

¡Observa a los niños, ellos saben cómo hacerlo!

Así que la próxima vez que sientas alguna emoción densa céntrate en ella y dale toda la atención que se merece. No la ignores, no la rechaces. Imprégnate de ella hasta la última célula de tu Bendito Cuerpo y observa lo que sucede.

Aprendiendo a vivir…sin dejarme nada!

firma_myriam

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